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Cantata a veinticuatro voces

Segunda Asamblea de la Red Colombiana de Lugares de Memoria

Al Carmen de Bolívar algunos han venido antes a través de una canción, de un porro de Lucho Bermúdez que se te mete en las caderas y te pone a bailar: Carmen querido tierra de amores hay luz y ensueño bajo tu cielo y primavera siempre en tu suelo bajo tus soles llenos de ardores...

El calor sofocante, la fiesta a la virgen del Carmen y la escuela Lucho Bermúdez son los lugares comunes de una memoria construida a partir de canciones. Pero pisarla, recorrer sus calles abarrotadas de motos que van con prisa de un lado a otro, es otra cosa. En la plaza central hay una iglesia grande colmada de feligreses un miércoles en la tarde. Lo extraño es que alrededor de ella hay pocas tiendas y al contrario de otros pueblos, no parece el lugar de encuentro. Las calles del mercado están en otro lado. Pareciera que en El Carmen de Bolívar no sucede nada, que es tan solo una imagen que el extenuante calor inmoviliza.

Los representantes de cada uno de los veinticuatro lugares que van a participar en la asamblea de la Red Colombiana de Lugares de Memoria, reciben la bienvenida de Soraya Bayuelo y del Colectivo de Comunicaciones de Montes de María, quienes los invitan a pasar a su casa. Los acentos y rasgos denotan la procedencia de muchos de los representantes. Se va configurando una geografía humana cargada de memorias, de los relatos de un país que ha sufrido la guerra pero también de las comunidades que han buscado recordar, no dejar en el olvido a sus muertos, no permitir que el miedo les atenace la garganta o los convierta en seres errantes que no saben hacia dónde ir. A pesar de ser un mismo país las diferencias entre unos y otros están impresas por el calor, el frío, la llanura, el río o el mar que han marcado la forma de vivir de cada uno, por eso en otras tierras se sienten extraños.

Los solares inmensos de algunas de las casas del Carmen de Bolívar empiezan a contar historias con su sola imagen, allí los relatos proliferan, lo fantástico irrumpe a través de los sembrados, de los caminos entre un solar y el otro, de la cocina al aire libre, de los pavos y los gatos que deambulan por los corredores. Y entonces vienen las melodías de los porros, de los vallenatos; las historias sobre los encuentros de los decimeros que de manera maravillosa pueden contar la historia de un pueblo. Se compone por un trago de ron, por una apuesta, la inmortalidad está en el presente.

Allí en la plaza se vivieron los enfrentamientos, las casas se convirtieron en barricadas. Las explosiones hicieron que el pollo de la cocina se callera, que los cuadros y los espejos quedaran hechos pedazos. Algunos no volvieron, quedaron marcados por la muerte y por el miedo. Otros regresaron simplemente porque esa es su tierra.

Mañana la cita es en la escuela de música Lucho Bermúdez, allí se llevará a cabo la Asamblea de la Red Colombiana de Lugares de Memoria. El nombre tiene el tamaño de los sueños: lograr que esa lucha contra el olvido y la impunidad, por la no violencia y contra el miedo que se ha dado en medio de la guerra, hoy se convierta en ejemplo de dignidad, de resistencia y de construcción de paz para un país.

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Hoy es 29 de junio y muy temprano en la mañana se reúnen en un auditorio grande los representantes de los lugares. Se organizan en un círculo y con hilos de diversos colores que saltan de un extremo a otro se va tejiendo la Red; en el centro se ponen los cuatro elementos que han pasado de mano en mano, en ellos está la madre tierra que los une. El ritual cierra con música, con la canción Lamento en la Sierra de Alfonso Cárdenas, director de la Escuela de Música Lucho Bermúdez y con las décimas compuestas para la Red de Beatriz Eugenia Ochoa Romero, que en una de sus estrofas dice:

Como no queremos ver

Que haya otra guerra entre hermanos

Las Regiones empezamos

Nuestra Memoria a tejer

Con relatos y el quehacer

De conflicto y Resistencia

Puntos que forman la esencia

De la No Repetición

Más la Verdad, en cuestión,

Para nuestra Descendencia.

Luego empiezan uno por uno a contar la historia del lugar que representan. Con cada relato la memoria gana nuevos sentidos, formas, lenguajes: Transformar el lugar en el que se ha esclavizado a los indígenas de la Chorrera en un espacio de encuentro, de construcción de la historia desde las voces de los mayores; tallar la piedra de San Lorenzo; hacer de la casi destruida estación de policía un museo, una escuela para un pueblo; convertir una montaña en un parque con senderos que llevan hasta un mausoleo; la cancha de fútbol; el árbol de tamarindo; la casa expropiada a un narcotraficante; la maloca que en la Sierra tiene espacio para la reflexión de la comunidad y para la sanación de los que vienen de afuera; la biblioteca; el museo; la iglesia a la que se le reparó el techo pero que en suelo tiene los rastros de una historia que la comunidad no quiere que se olvide; los lugares que viajan como el Mochuelo; el bosque; el sendero de la vida…

Al escucharlos, la memoria se convierte en un maravilloso espacio para la creación, para la imaginación, ella es la herramienta fundamental para transformar el dolor en esperanza, para salir de la tragedia y recuperar las fiestas tan propias de las comunidades.

Aria de Camilo González Posso

Los lugares han hecho iniciativas de memoria en medio del conflicto, memoria como resistencia, como un instrumento de defensa de los DDHH. La memoria en medio del conflicto simbolizando el No a la guerra.

En los próximos cuatro años es la transición hacia una época nueva, estamos hablando de cambios de época histórica caracterizada por secuencias de conflictos armados. No tenemos en Colombia una generación que conozca lo que es vivir en paz.

Vamos hacia unas épocas sin conflictos armados como instrumento de poder y sin insurgencia como forma de confrontación con el poder. La dinámica que se plantea es que todas las esferas de la sociedad colombiana están atravesadas por la oportunidad de la paz. No estamos hablando de un corto plazo, de la firma del acuerdo, sino de la implementación de los mismos. Por eso es necesario preguntarse varias cosas:

¿En qué contexto ubicamos la memoria?

¿Cuál es el papel de la Red?

¿Qué tipo de lugares se van a incluir – hasta dónde se va a llegar?

¿Cuál es el ámbito de una red como esta por la tipología de los sitios?

¿Cuál es el lugar de la memoria hecha por excombatientes?

Un sitio de conversación de lo que hace cada lugar es importante, pero la Red son las relaciones, es algo mayor que los nudos ¿En qué se expresa esa realidad superior de la Red?

¿Estamos satisfechos con la concepción de memoria que hay en la ley 1448? En ella no dice en que consiste la autonomía de los lugares que son estatales y de los que no lo son. ¿Cómo se concibe la autonomía?

¿Cuál es el papel de la Red en la comisión que inicia más o menos en ocho meses?

¿Cómo organizar los archivos de manera que puedan ser sintetizados por la comisión de esclarecimiento?

¿Cómo se aplica esa memoria para las relaciones transformadoras en los territorios?

¿En la pedagogía, qué es lo nuevo con respecto a la Red?

En síntesis: Es necesario tener presente el momento de la paz y la implementación de la Comisión de la Verdad y la Convivencia.

La Red es sus acciones coordinadas. Es necesario subordinar cualquier medida administrativa a la efectividad de la acción colectiva. La heterogeneidad de la Red es muy positiva, esta se alimenta de la diversidad y en el pluralismo.

Mi reflexión no tiene que ver con los que están acá, sino con los que van a entrar. Cómo quieren relacionarse. A qué ritmo quieren crecer

1er. Interludio

Van recorriendo los Montes de María, los montes exuberantes en donde pareciera que todo puede crecer sin embargo, en el recorrido se ven muy pocos cultivos. Van hacia El Salado, tierra tabacalera.

“Bienvenidos a El Salado, todo el que piense en la paz y al que le guste cantar pues que se venta conmigo, yo quiero que seas mi amigo, algo te quiero enseñar… “ nos recibe don Samuel Humberto Torres Ortega el cantante de El Salado y los ritmos interpretados por el grupo Batutas, conformado por niños, niñas y jóvenes de la región.

Don Humberto cuenta con sus décimas la historia de la masacre, de un pueblo que quiere la paz y el progreso, de un pueblo que le canta a sus memorias.

A El Salado también ya habían ido algunos a través de los documentales que cuentan la atroz masacre cometida por los paramilitares con participación del ejército en el 2010. En el recorrido Humberto nos muestra los lugares que hacen parte de la memoria del pueblo, y la maqueta del espacio que van a construir a partir de las propuestas de la comunidad y con ayuda del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Humberto también narra la historia de cómo regresaron dos años más tarde sin ayuda del Estado, cuando ochenta y ocho personas, ochenta hombres y ocho mujeres fueron a limpiar el pueblo que había quedado completamente abandonado. Las mujeres fueron las que se encargaron de las labores de la cocina con algunos hombres que ayudaron a encender el fogón, a pelar el ñame, la yuca y a bajar las ollas porque eran muy grandes. Demoraron tres días en esas labores, luchando con mucho mosquito. Regresaron a los dos meses y se volvió a terminar de limpiar. El día que entraron limpiaron la calle principal y las tres casas donde estuvieron hospedados, fue la electrificadora y les ayudó a conectar unos bombillos, porque no había luz en algunas partes.

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El 30 de junio es el día para el trabajo en comisiones, los balances y las proyecciones de una Red que a pesar de su juventud (la Red fue conformada con diecinueve lugares el 29 de noviembre de 2015 en Trujillo – Valle) ya realizó una Asamblea pública en el Congreso de la República sobre El deber de memoria del Estado y el derecho de memoria de los pueblos, tiene su página web y ha generado intercambios de procesos pedagógicos entre algunos de sus lugares.

Es un día de toma de decisiones: cómo va a ser su funcionamiento; revisar las solicitudes de ingreso de cinco lugares; cómo va a ser su relación con los lugares del Estado ya que la mayoría son por iniciativa de las comunidades; cómo va a ser su relación con el Museo Nacional de Memoria Histórica; qué tareas específicas se va a poner cada uno de los comités.

Después de exponer sus posiciones, de conversaciones y votaciones la Red decide organizarse a partir de un reglamento interno, revisará el documento sobre el Museo Nacional de la Memoria de Martha Nubia Bello, los lugares estatales tendrán voz y voto pero no estarán en la secretaría técnica ni en el comité coordinador. Permanecen los tres comités temáticos: incidencia política, pedagogía y comunicaciones, cada uno de ellos con tareas específicas entre las cuales están: la Comisión de Pensamiento – PASS: carácter participativo, autonomía, sostenibilidad y seguridad; desarrollar procesos pedagógicos en comisión de la verdad, los acuerdos y archivo para recoger y salvaguardar la información que tienen los lugares; generar intercambios de saberes a partir de las fortalezas y necesidades de los lugares; sistematizar las experiencias en pedagogía; realizar campañas, proyectos con relación al tema de memoria histórica, verdad y paz; incidir a nivel nacional en espacios pedagógicos, en la política educativa; fortalecer el sitio web y las redes sociales como un espacio de posicionamiento de la Red, de los procesos regionales, de los lugares.

La Asamblea le da la bienvenida a los nuevos integrantes: Capilla de la memoria de Buenaventura, Galería de la memoria Tiberio Fernández – Fundación Guagua, Casa Museo de la Memoria de Medellín, San Jacinto y Las Brisas.

2do. Interludio

El cierre es un viaje hacia San Jacinto para visitar el Museo Comunitario de los Montes de María, apenas a media hora de El Carmen de Bolívar. En el museo se encuentran con elementos fundamentales de la cultura: La música de grandes decimeros y gaiteros, el trabajo artesanal en textiles en hilo y el patrimonio arqueológico. El Museo tiene la pieza de cerámica más antigua del continente americano, que data de más de 4.000 años a. de C. Las piezas pertenecen a la cultura Zenú, antiguos pobladores de la región.

El Museo comenzó en 1984 a partir de la realización de asambleas populares organizadas por un grupo de jóvenes que sin apoyo gubernamental, hicieron una campaña para crear una biblioteca para el uso de los niños y jóvenes del pueblo. Con los libros empezaron a recoger los objetos arqueológicos que las personas tenían en sus casas o que habían heredado. Al poco tiempo fundaron una escuela de formación artística que ofrecía clases a cargo de los miembros de la comunidad con habilidades para la música y el baile. En San Jacinto se originó la música de gaitas y Los Gaiteros de San Jacinto son sus mayores representantes, ellos conservan la música tradicional de gaitas y tambores producto de mestizaje indígena, africano y español. La agrupación ha recibido muchos reconocimientos en Colombia y en el mundo, entre ellos un premio Grammy.

Desde la década de 1990, San Jacinto fue víctima de la violencia guerrillera y paramilitar, esta violencia causó despojo de tierras, desplazamiento forzado, masacres y asesinatos selectivos. En el segundo piso del museo se puede encontrar un espacio específico para la memoria histórica del conflicto armado que ha sufrido la región de los Montes de María.

En 2010, el alcalde municipal (que había sido miembro en su juventud del comité cívico), al ver el trabajo realizado por la comunidad entregó a la Corporación Corfoarte la sede de la alcaldía, una hermosa casa construida en 1903 y ubicada en la plaza central. Desde su balcón es posible mirar un pueblo cuya casa principal es para la Cultura.

Recitativo final

El próximo encuentro de la Red Colombiana de Lugares de Memoria será en abril de 2017, en el Caquetá. Las 24 voces que la integran buscan conformar una melodía que le canta a la vida, a la memoria, a la cultura, al arte, a la literatura y a un país que empieza a construir la paz.