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INICIATIVAS Y ACCIONES DE MEMORIA

Categoría

Artículos

Fecha de Publicación

02.26.2019

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Memoria de una travesía por el ejercicio de hacer memoria – Parte 1
Por: GIOVANNY CASTRO CAICEDO

A propósito de la próxima apertura pública del pabellón de este lugar de memoria, el 15 de marzo en El Carmen de Bolívar, recojo los pasos que resultaron en una exposición previa, realizada en el Centro Cultural de la AECID en Cartagena.

Los recuerdos del porvenir. Es el inquietante nombre de una cantina de carretera colgada de un páramo en uno de los libros de la saga de Maqroll el Gaviero – las paredes de un improvisado baño marcadas con aforismos inscritos en ese marco de tiempo incierto -. Durante mi experiencia en los Montes de María, vivía para narrar de ahí a muy lejos esos recuerdos. Eran la motivación esencial en el nivel personal: mi hijo crecía de alevino a pez en el útero de su madre, por allá en la tierra mía, y quería poder explicarle, cuando entendiera las cosas del mundo, por qué justo en ese período me había ido a trabajar en otra región, cómo había sido eso, y por qué había sido imprescindible que lo hiciera: por él, por nosotros tres, por empujar hacia un nuevo país que a sus viejos se les haría desconocido si lo viéramos ya, en el que habremos superado la guerra con valor civil, con el pensamiento y la palabra ejerciendo sobre la realidad, que se opone y contradice con terquedad. Seguramente, mucho estará aún por hacer en el momento en que él empiece a hacer preguntas, y le quedará a su generación seguir en la construcción del esbozo de felicidad que la nuestra apenas ahora está aprendiendo a pronunciar. Pero el reciclaje del ciclo de violencias estará con buena esperanza sellado, y el ejercicio de memoria activa, en homenaje, en advertencia, en reparación de la dignidad herida de las comunidades, es desde ya la señal del cambio definitivo.

Este niño mío podría preguntar con emoción equivocada, causada por el referente de las películas de acción, sobre cómo fue eso de la guerra que hubo en el país, y con mucha paciencia habrá que contarle lo cerca que se sintieron sus pasos de animal en furia, y que preferimos, mamá y papá, buscarle una salida mediante el aporte del trabajo que nuestras profesiones nos permitían, modestamente, pero con certeza ética y empeño práctico. Que la narración del tiempo ajeno que le diera vida sea a su vez, quién sabe, un impulso a buscar su propia forma de servicio.

Siendo esta travesía una mezcla de varios tipos de compromiso y razones, de lo personal a lo profesional, de lo social y político a lo cultural, era consecuente que para el evento de apertura de la exposición preámbulo del Mochuelo de los Montes de María, en octubre de 2014 en el centro cultural de la AECID en Cartagena, volviera después de un par de meses de ausencia a la región acompañado de mi familia, de este pececillo de un año ya, para reunirnos en homenaje junto con quienes fundimos lazos de amistad, de cariño, de respeto, de colaboración y equipo, en fin, de otro matiz de familia grande. Las sonrisas, los abrazos de los representantes de las comunidades invitadas, confirmaban el sentimiento de valioso logro compartido, de estar participando con el propio esfuerzo en una realización colectiva.

La valoración del patrimonio cultural, popular y cotidiano en este caso, junto a la memoria de los ausentes por causa de la guerra, hacía una poderosa fusión que impulsa un renacer, una sacudida vital, sin olvido, de las costras que deja el dolor, para ir más allá del dolor y la frustración, para no permitir que sea un estigma cruel el que defina proyectos de vida personales y comunitarios.

En esta ceremonia, se abrió en tono de renacer desde la tiniebla con el canto de una décima propia por Beatriz Ochoa, subdirectora del Colectivo de Comunicaciones Montes de María, y la entrada en dúo de la voz impactante de la artista carmera Zaris Falcón -el entorno a oscuras, dos luces fijas sobre las protagonistas sentadas en mecedoras –. La décima es una composición particular propia de la riqueza lingüística del español. Sus orígenes son atávicos, y su difusión continente adentro tuvo en el Caribe una matriz en la que se mantiene con vigor desde sus pueblos. Las normas de la métrica que ordena su composición están dadas para resaltar la sonoridad profunda del juego entre los versos. En esta décima, el relieve de tonalidades lleva del impacto alevoso de la guerra a la reivindicación de una dignidad comunitaria que recupera la voz para definirse a sí misma y a su territorio. Si las “Elegías de varones ilustres de Indias” corresponden a una poesía épica culta de uno de los primeros caribeños españoles, Juan de Castellanos, que tiende a la glorificación imperial y se compone en su mayoría por octavas reales, la métrica vocal de la décima le viene más bien de los juglares que poblaron los caminos con otro y todo tipo de historias – y de ahí al vallenato no hay más que un paso, aunque largo en unos cientos de años.

En la sección de la exposición sobre memoria del conflicto armado reciente, hay testimonios en video de eventos que tuvieron un impacto de particular infamia, tales como los falsos positivos, las detenciones y procesos judiciales arbitrarios, o el recuento de víctimas reclamantes de un pedazo de tierra donde al fin dejan su sangre – y así se vuelve de los suyos -, o un mapa de piso sobre el que se puede caminar en el recorrido del rastro de muerte que dejaron las masacres que están documentadas. En el mismo espacio, un árbol con sus cientos de hojas marcadas con los nombres de los ausentes, y al fondo, algunas fotos de recuerdo que reclaman desde su silencio gráfico la representación de una multitud. Se trata del árbol de la vida, pieza central de la exposición final, que por más esfuerzo en nombrar a todos, tal vez nunca llegará a completar sus identidades así resumidas, debido a la bruma de guerra que aún oculta a muchos –  la realidad de lo que pasó, quién la va a saber toda.

En la sección cultural, por contraste, el efecto es luminoso y esperanzador. En paneles con fotografías en gran formato, las escenas de lo cotidiano de los pueblos montemarianos, en su gran diversidad, se vuelven expresiones de fortaleza, junto a un ambiente sonoro de gaitas o de la actividad que se muestra, como el ruido ferroso de una herramienta del campo, en movimiento, o las fichas de un juego de dominó con la bella arquitectura en madera de Colosó de fondo. También, se destaca el archivo histórico de imágenes de la tradición organizativa campesina, que fue un actor clave para el proceso histórico de la región y un factor para entender el ensañamiento de la reacción armada por parte de sectores tradicionales del poder.

Uno de los retos mayores que tiene este museo en planeación, es compartir un tipo así de sentimientos – que en el momento de un evento especial de homenaje conmueven a experiencia viva – en el transcurso de un recorrido normal del público por una instalación museal. La analogía posible es la de una película que al verla la primera vez toca muy hondo, pero en las veces siguientes sus espectadores deben participar, actuar, dejarse sorprender con utilería, diálogos adicionales, historias paralelas, nuevos personajes… La exposición debe renovarse cada día de la función. Y como dijo un sabio del oficio, Eduardo Londoño, el que debe ser interactivo es el público.

Las dificultades de una propuesta ambiciosa, en los niveles técnico, conceptual, y prácticos de funcionamiento, han hecho que la consolidación de su espacio físico, el nivel técnico, sea el de solución más problemática y lenta. En cuanto al corazón de memoria, ahí está ya, movilizando con la palabra. Ahora, darle una estructura habitable, eso ha sido lo complicado.  A mi partida del proyecto, aún estaba en duda la construcción y apertura al público, aunque desde cada forma de experticia muchas habilidades se han puesto al servicio de su realización integral. Las formalidades de contratación y lo delicado que se pone todo una vez llegados a esos asuntos, inevitables al fin, son otra tarea que superar. También, de todos modos, se trata de un trabajo que asumimos terceras partes, involucradas y comprometidas en un mayor o menor grado, con un ánimo legítimo de ingreso económico en el ejercicio de profesiones muy especializadas, así que el factor dinero se vuelve primordial, como en cualquier proyecto, y nadie quiere malentendidos en cada detalle del esfuerzo debido y el producto que ese intercambio contractual puede conseguir. Hay instituciones nacionales e internacionales que apoyan y esperan resultados concretos (verificables y cuantificables, en el lenguaje oficial), por los cuales a su vez son evaluadas, así que es otra dichosa presión con la cual lidiar. En fin, nadie quiere patinar, y tal vez demasiada prudencia inmoviliza.